Escribo desde que empecé a enamorarme, que fue, más o menos, cuando aprendí a escribir.

Siendo una cani adolescente, ya hacía textos por encargo para las romanticonas historias de mis compañeras de clase. Aún no cobraba por ello, pero me divertía muchísimo. Ahora me sigo divirtiendo, pero tengo que pagar el precio de ser adulta. Tenía doce años cuando me apunté a teatro y jamás volví a bajarme del escenario. Con diecisiete monté mi primera compañía, en la que ejercía de actriz, directora y dramaturga. Yo lo quería todo, pero la templanza me propuso repartir el pastel para que la ansiedad no tuviera el papel protagonista.

Me gradué en Interpretación Textual por la Escuela Superior de Arte Dramático de Sevilla, donde tuve mis primeras catarsis conscientes. Hoy sigo siendo actriz, directora y dramaturga, pero también elegí convertirme en escritora, recitadora, rapera, tallerista, acompañante y terapeuta porque lo sigo queriendo todo.

En fin, en mi vida, básicamente y muy a grandes rasgos, la lío parda con el arte, que es lo que más me gusta hacer después de comer las papas aliñás de mi mare, tú sabes, cada cosa siempre en su lugar.

He autopublicado seis libros y dos ediciones espaciales que se me han caído de la boca casi sin darme cuenta. Los he llevado por el mundo para lanzarlos por los aires o hacerlos candela durante un total de nueve años, y ahora descansan del viaje que nos hemos inventado. Cientos de shows autogestionados por todo el país. Miles de ojos dándome la bienvenida.

Desde que llegué a este mundo me avala lo de no creer en ningún poder que esté fuera de mi cuerpo, y aunque eso también me ha costado la censura, la crítica y el sabotaje, sigo siendo experta en lo que me sale del coño, y ahí descanso.

En fin, lo que os contaba, que el verbo crear que es lo que más me gusta hacer después de comer las papas aliñás de mi mare, tú sabes, cada cosa siempre en su lugar.

 

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